Voces de los Caminos

Papero de oro

2026-11-08
Imagen de Papero de oro

Por María Gabriela Pavas Álvarez.

El reservista, el campesino, el papero de oro. Así comienza esta historia; a la sombra del alero, al rumor de la quebrada del Cuervo; con Rigoberto Álvarez. «Y lo más bueno es porque esa historia la cuenta uno a los noventa y tres años», todos esos acontecimientos de una raza que viene desde los abuelos, cuando todos unidos aprendimos la siembra de la papa; trabajábamos desde los ocho años y a los dieciocho tocaba ir a pagar el servicio militar; fue así como un domingo hicieron batida en el pueblo (La Unión, Antioquia), nos llevaron para la alcaldía y allá nos examinó un médico, que no tuviéramos ningún defecto; nos llevaron en carro y en tren hasta Cisneros y Puerto Berrío para continuar hasta Cúcuta, donde estuvimos dieciocho meses en entrenamiento para servir a la patria; después del juramento de bandera íbamos al campo a perseguir a los ladrones, o a salvaguardar algún municipio. No podíamos volver a la casa en todo el tiempo del servicio militar, solo nos comunicábamos por carta. Fue muy duro recibir la noticia de la muerte de los sobrinitos.

Hasta que un domingo cualquiera me dijeron: «Es hora de volver a casa, ha terminado la misión, puedes tener un trabajo especial cerca de tu hogar por haber servido a Colombia: puedes ejercer como carretero».

Rigoberto Álvarez trabajó como carretero durante unos meses y luego se fue a quemar carbón, pero decidió seguir como papero; listo durante años al llamado para combatir en cualquier país porque había quedado como reservista militar.

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En la banca del patio cuenta orgulloso cuando un día lo llamaron de la alcaldía, a mediados de 2008, para que representara con otros campesinos sus veredas, como reyes en las Fiestas de la Papa. Fue así como Rigoberto participó como el papero de oro, representando a la vereda de San Juan; los llevaron en tractor, con carrozas alusivas a la papa, y cada uno recibió como regalo: un delantal de lona, un carriel, cien mil pesos y un almuerzo. Dice Rigoberto que lo más bueno es poder contar la historia a los noventa y tres años de edad mientras disfruta compartiendo con los hijos y los nietos. Nos cuenta que es feliz haciendo banqueos, arreglando caminos, destapando las acequias, cuidando los arrayanes y los nacimientos de agua y los domingos jugando dominó con la familia; y eso sí, que no le falte la misa de los martes en el pueblo a María Auxiliadora, a quien le ruega resignación por su hijo desaparecido que no ha podido encontrar desde la época de la violencia en los noventas.

Rigoberto, él, quien extiende su mirada al horizonte y en voz baja nombra resignado a su hijo […].

Antiguo rey

Había en el patio un hombre valiente
parecía un ave al atardecer viajera,
en el ayer, un niño a su manera
navegaba azules venas de su frente.

Feliz en tierra con el sol poniente
señalaba orgulloso el río y su rivera,
santiguaba al hijo que perdió en la guerra,
rezaba al cielo desde el suelo del Oriente.

Desde arriba heredó un día luz y agua,
manantial para regar el fruto de la tierra,
nombrado antiguo rey de los paperos.

Con delantal y güinche y su voz ligera
bordea de olivares el huerto que se labra,
crece la cosecha, reverdecen los potreros.

  • Papero de oro

    Papero de oro

    «En la banca del patio cuenta orgulloso cuando un día lo llamaron de la alcaldía, a mediados de 2008, para que representara con otros campesinos sus veredas, como reyes en las Fiestas de la Papa. Fue así como Rigoberto participó como el papero de oro, representando a la vereda de San Juan».

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    Venid y ved

    «He aquí tres relatos de vida, contados por alguien que busca sosiego en el contacto con la naturaleza, personas quienes con dedicación hacen que florezcan: lirios amarillos, rosas, pensamientos, guayacanes o yerbas medicinales».

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    Cosas extrañas

    «Qué cosas tan extrañas son los pensamientos a lo largo de los años. Uno se levanta temprano como cualquier pájaro, y en las tardes, no se ve ‘de uno’, ni un alma enserenada, ni en la calle, ni en el camino».

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